No
estés lejos de mí un sólo
día, porque cómo,
porque, no sé decírtelo,
es largo el día,
y te estaré esperando como en las
estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los
trenes.
No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando
casa
venga a matar aún mi corazón
perdido.
Ay que no se quebrante
tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en
la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,
porque en ese minuto
te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás
muriendo.
Pablo
Neruda (1904-1973)
|